El Reino De Dios Es Su Mejor Inversión

 
Su mejor inversión

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ué necio y cuán fácil es dar más valor a posesiones, inversiones e incluso a animales, que a la fe en Cristo.

Poco después de la creación, el hombre comenzó a negociar, a comprar bienes y servicios, a invertir su tiempo y esfuerzo en cosas que le dieran beneficios económicos. Vera, Dios puso ese sentir, ese deseo de prosperidad y progreso en cada ser humano.

En el capítulo 32 del libro que lleva el mismo nombre, Dios le dijo a Jeremías que invirtiera en terrenos en las afueras de Jerusalén. Para la época en que Jeremías compró aquellos terrenos, hacía ya un año que la ciudad estaba sitiada y ocupada por soldados babilonios.

Esta clase de negocios, ante los ojos de cualquier inversionista y/o consejero financiero, era en realidad, una idea descabellada y una inversión pobre. Además del hecho, de que en ese tiempo, Jeremías estaba prisionero en el palacio.

La Confianza En Dios

La confianza no surge fácilmente. No fue sencillo para Jeremías comprar un terreno ocupado por el enemigo. Tampoco es fácil para nosotros creer que Dios puede cumplir esas “promesas imposibles.” Debemos confiar en Dios. Jeremías confió en Dios. Él, quien obró en la vida de los héroes Bíblicos, es el mismo que nos ofrece obrar en nuestras vidas, si se lo permitimos.

Después que Jeremías compró la heredad, comenzó a preguntarse si había actuado con sabiduría. Buscó alivio de las dudas que lo asaltaban a través de la oración.
En esta oración, Jeremías afirmó que:

  • Dios es el Creador (Jer 32:17),
  • Es el Juez sabio de todos los caminos de los hombres (Jer 32:19) y
  • Es el Redentor (Jer 32:21).

Dios Nos Ama y Ve Nuestra Inversión

Jeremías invirtió en Dios y una inversión que repercute por la eternidad y rinde increíbles recompensas.

Cuando nos asalten dudas acerca de su sabiduría o nos preguntemos si es práctico obedecerle, podemos revisar todo lo que sabemos de Él. Tales pensamientos y oraciones acallarán dudas y calmarán temores

El Reino De Dios Es Su Mejor Inversión

En el capítulo 16 de Lucas y desde el versículo 19 en adelante, Cristo nos narra la historia de estos dos hombres (énfasis agregado) esta es la historia del rico y Lázaro.

En la época de Jesús vivía un hombre, quien después de haberse graduado, comenzó con gran éxito una carrera como asesor de inversiones. En gran parte su éxito estaba basado en lograr ventas que la mayoría de los corredores sólo podían soñar.

Este hombre sintió que había encontrado su vocación. Le encantaba la idea de ayudar a la gente a encontrar maneras de invertir su dinero para lograr la mayor cantidad de beneficios con la menor cantidad de riesgo de inversión. La idea de hacer dinero con el dinero de otras personas le fascinó.

Después de sólo unos pocos meses en su nueva carrera, obtuvo los fondos necesarios para crear su propia empresa de inversión, llevándola a ser una de las empresas de inversión más grandes e importantes del mundo.

Al mismo tiempo vivía otro hombre, que como su familia era tan pobre no pudo asistir ni siquiera a la escuela básica, pasó su vida de jornal en jornal. Este hombre nunca pudo ahorrar para los tiempos de sequía, por el contrario estaba condenado a pasar hambre en los tiempos malos. Aun así, este era un hombre piadoso y un fiel creyente, cuyo corazón fue lavado por la sangre de Cristo.

El rico y Lázaro, lo único que tenían en común era que: Al morir, dejaron todo lo que poseían en la tierra. En el momento de la muerte, tanto ricos como pobres están desnudos y llevan las manos vacías ante Dios. Las únicas riquezas que tendrán en ese momento son las invertidas en la herencia eterna. Al morir, cada uno desearemos haber invertido menos en la tierra, donde debemos dejarlo todo, y más en el cielo, donde lo retendremos para siempre.

Para tener tesoros en los cielos debemos poner nuestra fe en Dios, comprometernos a obedecerle y utilizar nuestros medios para el bien de Su Reino. Este es un buen momento para analizar sus inversiones y ver dónde ha invertido la mayor parte, ¿Si en la tierra como el hombre rico o en Dios como Lázaro? Haga todo lo necesario para colocar su inversión donde realmente cuentan.

Pensando Diferente

¿Qué inversiones hace usted en la vida? ¿Invierte usted en Dios lo suficiente? Invertir en Dios puede parecerle difícil, pero es la única inversión asegurada, pagadera por toda la vida eterna.

Seguir a Jesús no siempre es fácil. Con frecuencia implica pagar un alto costo, y sacrificios sin recompensa terrenal. Quizás para usted el costo de invertir en Cristo será perder popularidad, amistades, tiempo de descanso o hábitos. Pero si bien el costo de seguir a Cristo puede ser alto, el valor de ser Su discípulo es una inversión que repercute por la eternidad y rinde increíbles recompensas.

Preste atención a la voz de Dios, que le recuerda que Su Reino es el mejor lugar para invertir. Vale la pena los altos dividendos e intereses y, lo mejor de todo, no hay sanciones o riesgos de pérdida de la inversión.

   

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¡Gracia y Paz a Vosotros! Siervo De Cristo

 

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